Ese día Adán y Ricky fueron a cazar algo para la cena como de costumbre. Siempre hacían lo mismo y les funcionaba muy bien:

Ricky visitaba a sus familiares en villa El Pozo. Todos le adoraban. Era el cerdo pródigo de la villa, el único que había vivido fuera de la comunidad y triunfado. Era empezar a hablar de sus aventuras y tener dos o tres cerditos entusiasmados que lo seguían a todas partes. Se los llevaba de excursión al monte de al lado y cuando llegaban, Adán, que los esperaba tras unos arbustos, los emboscaba.

Sin embargo, ese día, cuando se disponían a volver a casa y preparar los cochinillos observaron desde lo alto del monte como Eva y Pepa (sus novias) corrían gritando hacia su chalet. Hasta ahí todo normal. Luego vieron a un grupo de humanos que les seguían, cubiertos con extrañas ropas y ahí sí se asustaron. ¿Cómo era posible que con el calor que hacía fueran vestidos? Algo no iba bien.

Bajaron del monte a toda prisa y volvieron a su chalet. No encontraron a Eva pero si a Pepa. Estaba muerta, la habían violado. Junto a ella habían dejado una nota firmada por un tal Hitler diciendo que habían secuestrado a Eva y que si los seguían los matarían de la misma manera que a la cerda.

Consumidos por la rabia, Adán y Ricky emprendieron un viaje para seguir la pista de ese grupo de humanos y Eva.

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